El cerebro del hombre durante la intimidad, es un océano de misteriosos cambios que organizan la ejecución, los pensamientos, las emociones y el rendimiento intimo.

En otras palabras, lo que comúnmente se conoce como “dar la talla” y que encierra tras de sí un complicado proceso.

En este sentido no es ningún secreto que a los hombres generalmente les preocupa el tamaño o la forma de su miembro.

Asimismo, cabe destacar que el pene ha ocupado siempre un lugar privilegiado tanto en la mente del hombre como en la mente de la mujer.

No obstante, a pesar de lo que piensan los varones sobre su miembro, el tamaño es lo menos importante en el rendimiento intimo.

Otra de las cosas que no suelen saber las mujeres es que los hombres también se sienten cohibidos a la hora de mostrar su cuerpo y sus zonas intimas.

A ellos también les preocupa lo que podamos pensar de ellos y también temen decepcionar a sus parejas (íntimamente o amorosas) con el tamaño de su “amigo”, con la apariencia de su cuerpo o con su comportamiento intimo.

Aunque gran parte de los hombres desearían tener un “amigo” mayor, el 85% de las mujeres están conformes con el tamaño del miembro de su pareja.

  • El cerebro envía las señales necesarias a la zona intima para lograr la expresión orgásmica de los hombres que es la eyaculación.
  • Aunque los hombres también se relajan durante el orgasmo, una parte de su cerebro permanece alerta.
  • Los expertos explican que este comportamiento puede tener sus orígenes en la prehistoria, pues mientras las mujeres se desconectaban después de la intimidad, los hombres debían seguir atentos para que él y su pareja no fueran devorados por alguna fiera.
  • La dopamina, la hormona del placer, generada durante el orgasmo desaparece por completo luego de algunos minutos.
  • El orgasmo masculino puede durar de cuatro a cinco segundos.

El “amigo” en piloto automático

Los hombres conocen la capacidad de su “amigo” para reclamar su atención sin ni siquiera una orden cerebral consciente, es decir, para actuar por voluntad propia.

A muchas mujeres les sorprende que el “amigo” pueda actuar en piloto automático y que no siempre puedan controlar sus levantamientos.

El cerebro durante el verdadero entusiasmo

En contra de lo que se suele pensar, el verdadero entusiasmo masculino no comienza en su “amigo”, sino en su mente a partir de imágenes o pensamientos eróticos. Es decir, que el cerebro del hombre debe enviar de manera consciente información emocional e íntimamente relevante para que comience la acción.

Una imagen mental o física de alto contenido sensual logra encender el centro cerebral del placer, el núcleo accumbens. De esta manera se logra una expectativa sensual que favorece el intercambio.

De este modo la activación cerebral se ve potenciada por el contacto físico, pues en un contexto de excitación el mero roce envía temblores íntimos que atraviesan el cuerpo y el cerebro.

Así, durante el intercambio en la intimidad no solo veríamos cómo el hipotálamo envía sangre al “amigo”, sino cómo la activación de circuitos del lóbulo frontal favorece que el hombre preste atención a la oportunidad en la intimidad.

El cerebro del hombre durante el orgasmo

Esta disposición le hace al varón concentrarse en la visualización de “la tierra prometida”. Su cerebro verá la luz verde del semáforo y pisará el acelerador. En este momento, el resto de zonas cerebrales se oscurecerán para evitar distracciones y proceder a penetrar con un suave empuje mientras inhala el aire rápidamente deseando aligerar así la tensión intimo.

Al igual que sucede en el cerebro femenino durante la intimidad, los hombres tienden a “desconectar” zonas de su cerebro mientras dura el intercambio. Así, tanto el centro de alerta y peligro del cerebro (la amígdala) como el centro de la preocupación (córtex cingulado anterior), tienen que ser “apagados” en este instante para disfrutar de la intimidad.

Una vez logrado esto, el cerebro conseguirá enviar sangre a su “amigo” y fomentar la alineación de sus estrellas neuroquímicas.

Esto favorecerá que el hombre entusiasmado llegue a ese punto de no retorno en el que puede soltar el acelerador y llegar al clímax.

Gracias a todos estos cambios el hombre podrá llegar al clímax y disfrutar de manera plena del contacto en la intimidad. Cabe destacar que no ser un caballo desbocado requiere de un gran autocontrol y un gran crecimiento emocional por parte del varón. Este proceso solo se logra con un gran trabajo interior del que las mujeres muchas veces ni nos enteramos.

Por NBAL

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